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"La viña atómica"
por Javier Sanz Barrera


“El amor no idolátrico a una idea o a una persona es sereno, no estridente, es tranquilo y profundo, nace a cada instante pero no es delirio. No es embriaguez, ni lleva a la abnegación, sino que nace de la superación del yo”.
(Erich Fromm)
También el de un pueblo     (licencia de autor)
Revisar toda nuestra joven historia en función de esta idea me parece la tarea mas interesante que le toca al Pueblo argentino.
Nuestro himno nos recuerda, generación tras generación,  el “ruido” sagrado de las cadenas que se rompen; el grito “ruidoso” de libertad que –no tenemos por qué negarlo- caracteriza los actos políticos de nuestro pueblo, como un mandato mal interpretado.
Dice el mismo autor que cito mas arriba, que sin embargo la “Gran liberación” propugnada por todas las verdaderas religiones, no es solo una liberación exterior o -podríamos decir aquí-  política. La liberación externa no puede efectivizarse eficazmente si no va acompañada de la liberación interior. Y especifica: de las cadenas de la codicia, que sofoca el buen razonamiento y juicio crítico sobre la realidad, autorizando justificaciones de todo tipo,  y de las cadenas del engaño.
¿Cómo?
Buscando un ejemplo voy a considerar aquí un punto en el que repararon ampliamente nuestros libertadores: la cuestión indígena. La necesaria reparación histórica sobre la expoliación, que no implica como pueda pensarse torpemente,  devolver las tierras expoliadas y regresarnos los descendientes de europeos a Europa en un absurdo auto-destierro; insuficiente por demás como forma de reparación.
La cuestión indígena bien encarada, desde la estructuración consensuada y profundamente respetuosa de los fundamentos del Derecho, sobre nuevas jurisprudencias, puede no solo zanjar el doloroso –para indígenas y no indígenas- montaje de unas naciones sobre el oprobio y exterminio de otras, sino que puede, como podemos verlo hoy, regenerar la dignidad humana toda.
En esto pensaron sin duda –basta leer sus escritos- los revolucionarios de mayo más radicales y sus seguidores convencidos. Aquí nacía con ellos un ideal de liberación y reparación que se sentía como motor de la Justicia. Belgrano, Castelli, luego Artigas, muy particularmente Hidalgo… son algunos de sus referentes.
Pero este es solo un punto en el que he querido reparar, sin desestimar muchos otros que podríamos analizar.
¿Cómo podríamos los latinoamericanos, y aún los americanos todos, lograr aquella Gran Liberación?, la que nos permita Ser, superándonos a nosotros mismos. ¿Cómo?


"Oid el ruido"
por la artista plástica argentina Angely Martínez
http://www.angelymartinez.com/index.html



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