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El ancho río y sus dos orillas


"Primogénita ilustre del Plata,
En solar apertura hacia el Este.
Donde atado a tu cinta celeste
Va el gran río color de león...

(Fragmento del poema "A Buenos Aires"
de Leopoldo Lugones)


Cuando los españoles avistaron por primera vez estas tierras en 1516, creyeron internarse en un mar que ingresaba al interior del territorio. Al probar las aguas “color de león” de estas regiones comprobaron que eran dulces. Sin poder renunciar a la idea de que estaban en presencia de un mar y no de un río asombrosamente ancho, llamaron a nuestro Rio de la Plata: “Mar Dulce”.
Los rioplatenses amamos su turbiedad, sabemos que gracias a ella –provocada por el limo que forma el Paraná al bajar hacia el Atlántico- esta región se torna más rica y fecunda cada día. Las islas que lentamente se han ido formando en su desembocadura son cuencos de tierra fértil, la variedad de especies frutales lo corrobora.

Los revolucionarios de Mayo no han escapado a los designios metafóricos del Rio de la Plata. Inmersos en el mar de las nuevas ideas y empecinados en no ver las fértiles pero turbias complejidades de la hora, confundieron el rio con el mar, para suerte o desdicha de la América toda.

Quizás haya sido Mariano Morena el más empecinado, Manuel Belgrano el más convencido, Juan José Castelli el más vehemente defensor de la Revolución. Pero este ámbito tan jacobino en sus orígenes, era un ancho y turbio río de intereses, tradiciones y hábitos arraigados. Especialmente los de la burguesía del puerto de Buenos Aires. Dos orillas, dos corrientes comenzaron a agitar y enturbiar las aguas de la Revolución: lealtad a Fernando VII, el Consejo de Regencia o la Junta Central de Sevilla... o Independencia, y mas tarde ¿centralismo o federalismo?.

El Rio de la Plata, fue a la vez vanguardia revolucionaria y fuente de discordia entre los que quisieron imitarla, resistirla o propagarla. Intereses sectoriales no pocas veces pugnaron por mantener a Buenos Aires como centro de poder y decisión de los nuevos territorios que la Revolución liberaba.

Esto provocó la temprana segregación de espacios muy importantes como el Alto Perú, Paraguay y la Banda Oriental; a la vez que frenó la prédica y acción de líderes decididos como José Gervasio de Artigas.


Para fortuna de la Revolución y su causa, la llegada en 1812 de la prodigiosa figura de José de San Martín dió nueva fuerza a la misión liberadora de la Revolución de Mayo en Sudamérica.



"Yo servía en el ejército español en 1811. Veinte años de honrados servicios me habían atraído alguna consideración, sin embargo de ser americano; supe de la revolución de mi país, y al abandonar mi fortuna y mis esperanzas, sólo sentía no tener más que sacrificar al deseo de contribuir a la libertad de mi patria; llegué a Buenos Aires a principios de 1812 y desde entonces me consagré a la causa de América: sus enemigos podrán decir si mis servicios han sido útiles."

Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar/frases/san_martin/escritos_san_martin.php




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