“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán hartos...”(San Mateo c. V; v 6)
Los agricultores saben que las semillas deben morir para que nuevos frutos nazcan algún día . Si los hermanos Viscardo Guzmán –jesuitas de origen peruano-hubieran podido considerar esta idea que lleva a la vida, habrían tolerado con menos frustración sus sacrificios, en bien de la libertad de Hispanoamérica. Victimas de las más adversas vicisitudes, sus escritos y proyectos fueron probablemente el germen de la liberación hispanoamericana.
Habían nacido en Perú y profesaban su profunda fe en la orden de los jesuitas cuando Carlos III decidió la desaparición de la orden en América en 1767. Desterrados a Europa, más precisamente a Italia, experimentaron una y otra vez las humillaciones a las que el sistema despótico español los sometería. Una y otra vez, sin piedad ni consideración…
Sin embargo esta actitud de la corona española actuó como abono para las semillas de libertad que estos dos jesuitas representarían para la América colonizada.
La soberbia y la arrogancia de la España monárquica no pudieron ni siquiera advertirlo.
La única autoridad por encima de un rey absoluto es Dios mismo. Los hermanos Viscardo, pero muy especialmente Juan Pablo recurrieron a él y para fortuna de su patria natal, Dios respondió.
En una cadena asombrosa de hechos que sucedieron a su muerte, sus escritos llegaron a Francisco de Miranda que la hizo llegar al corazón de los americanos: “Carta a los españoles americanos” se llamó el escrito y hoy se estudia como el texto iniciático de la Independencia de Latinoamérica.
Tal como lo fuera el “Common Sense” de Pane para los norteamericanos, esta extraordinaria carta es un llamado al sentido común, y la conciencia de los americanos de origen español. Un texto para releer con pasión.


(…) El nuevo mundo es nuestra Patria, su historia es la nuestra, y es en ella que todos nuestros deberes esenciales, nuestros más caros intereses, nos obligan a examinar y a considerar atentamente el estado de nuestra presente situación y las causas que en ella más han influido, para resolvernos luego, con pleno conocimiento, a tomar valientemente el partido que nos dictarán nuestros indispensables deberes hacia nosotros mismos y nuestros sucesores. (…) a pesar de que solo reconocemos a ésta como nuestra patria, y que toda nuestra subsistencia y la de nuestra descendencia se fundan en ella, hemos respetado, conservado y venerado sinceramente el cariño de nuestros Padres por su primera patria; por ella hemos sacrificado infinitas riquezas de todo tipo, solo por ella hemos resistido hasta aquí, y por ella hemos en todo encuentro vertido con entusiasmo nuestra sangre. Guiados por un fervor ciego, no nos hemos percatado que tanto afán por un país que nos es extraño, al que no debemos nada, significa una cruel traición a aquel en que hemos nacido (…)
(…) Queridos hermanos y compatriotas! (…) puesto que [España] siempre nos ha tratado y considerado de manera tan diferente a los españoles europeos, y que esta diferencia solo nos ha aportado una ignominiosa esclavitud, decidamos ahora por nuestra parte ser un pueblo diferente! Renunciemos al ridículo sistema de unión y de igualdad con nuestros amos y tiranos; renunciemos a un gobierno que, a una distancia tan enorme, no puede darnos, ni siquiera en parte, los grandes beneficios que todo hombre puede esperar de la sociedad a la que se encuentra unido (…)
Descubramos nuevamente América para todos nuestros hermanos de toda la tierra y nuestra recompensa no será inferior a la de todo el resto del mundo, de donde la ingratitud, la injusticia, y la codicia más insensata nos han desterrado.
¡Que agradable y sensible espectáculo presentaran las costas de la América cubiertas de hombres de todas las naciones cambiando las producciones de sus países por las nuestras! ¡Cuantos huyendo de la opresión o de la miseria vendrán a enriquecernos con su industria, con sus conocimientos, y a reparar nuestra población debilitada! De esta manera la América reunirá las extremidades de la tierra, y sus habitantes serán atados por el interés común de una sola GRANDE FAMILIA DE HERMANOS.
La Carta dirigida a los españoles americanos fue la primera llamada pública por la independencia escrita por un español americano: Juan Pablo Viscardo y Guzmán, jesuita nacido en Perú y sin duda una de las principales figuras de la ilustración hispánica. Viscardo murió sin haber visto publicada su Carta ni sus otros ensayos, pero, antes de morir, confió sus documentos a Rufus King, el ministro estadounidense en Londres, quien a su vez se los prestó a Francisco de Miranda. Gracias a Miranda, la Carta fue publicada, primero en francés en 1799, luego en español en 1801 y finalmente en inglés en 1808.
La Carta traducida tuvo numerosas reediciones en Colombia, Argentina -donde fue reproducida por el líder de la Revolución de Mayo , Mariano Moreno- Perú, Venezuela y Costa Rica. Fue también bastante difundida en México.
El escrito J. L. E Meissonier
Al ser remitida a los inquisidores en 1810 fue declarada uno de los escritos más:
“mortíferos, libertinos e incendiarios y de la Carta dicen los censores que es falsa, temeraria, impía y sediciosa, injuriosa a la Religión y al Estado, a los Reyes y Pontífices: tan acre y mordaz, tan revolucionaria y sofística que si el Santo Tribunal no aplica desde luego toda su actividad para sofocarla, pereceremos...” (Vargas Ugarte 1964).
Fuente recomendada: "La Carta dirigida a los españoles americanos"; una carta que recorrio muchos caminos...
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