La mirada de un librepensador sobre la generación de Mayo : José Manuel Estrada
José Manuel Estrada fue un abogado, escritor y político de fuerte extracción católica que confrontó con las ideas liberales laicas que dieron origen a nuestra organización como Estado moderno. Tuvo un destacado rol en la vida de importantes instituciones educativas como el Colegio Nacional Buenos Aires, la Universidad de Buenos Aires, y el Congreso Pedagógico de 1882.
Su profunda y particular mirada de la generación de 1810 es digna de analizarse críticamente.
De un discurso dado en el citado Colegio Nacional Buenos Aires son los fragmentos que a continuación transcribo. Fue dirigido por José Manuel Estrada el 24 de mayo de 1879 – ciento treinta años atrás- , siendo él Rector de la Institución, a sus alumnos.
“La generación de 1810 fundó la nacionalidad argentina, desvinculada jurídicamente del imperio español por la caída de la dinastía borbónica, pero reciamente combatida por los poderes coloniales y metropolitanos, luchando en desmedida arena, con sus letrados convertidos en caudillos, en héroes sus grandes capitanes y sus pueblos en ejércitos, por la tierra y en las aguas, aquí y allá de las cordilleras, un año y otro año, sin reposo ni desmayo; porque dos gloriosas virtudes cívicas la alentaban: fe indeclinable en sus designios, abnegación patriótica que rivalizaba con la austera abnegación de los varones clásicos.
Si retrocedéis hasta aquellos años de maravillosa fecundidad, no sé que cosa debáis admirar mas vivamente: si la grandeza del propósito o la mezquindad de los recursos de una pobre y despoblada colonia, que malcontenta de emanciparse, desata uno de dos torrentes de soldados generosos, partidos del Plata y del Orinoco, que cruzan guerreando el continente para confundirse en el campo sangriento de Ayacucho, ¡magnánimos hermanos de un linaje olvidadizo, mártires y adalides de la independencia americana!
"Carga de caballería de O´Higgins" por Pedro Subercaseaux Errázuriz
(…)La generación de 1810 tuvo la pasión de San Martín; pero no toda tuvo conciencia tan delicada y severa. Su fecundo patriotismo fue fanático. Quiero decir que fue impiadoso, y por ello se ensangrentó en la Cabeza del Tigre, y en la matanza de 1812, imitada de los brutales ejemplos con que los terroristas franceses escandalizaron al mundo; que fue teatral, y por ello sus Castelli y sus Sarratea llevaban a los ejércitos la declamación enfática, la dureza y las intrigas que los convencionales llevaban a los ejércitos de la República Francesa; que fue iluso, y por eso se nutría de paradojas trasfundidas a las masas, que al oírse preconizar soberanas, exigieron su soberanía o la soberanía de sus caudillos; que fue presuntuoso , y por ello las clases cultas creían poder reprimir los apetitos populares oponiéndoles su prestigio, cuyas bases habían desmoronado con pueril ceguedad, y contagiada la fatuidad del conjunto a los individuos, cada hombre y cada círculo se ufanó de poseer el infalible remedio de las públicas dolencias.
Ambiciones, quimeras, partidos de aspirantes y demoledores, escepticismo religioso y moral, fueron los necesarios productos de aquella exageración del patriotismo, maleado por doctrinas insanas y ejemplos perversores. De esta manera, la gloriosa evolución política de 1810 se convirtió en una revolución , y el Rio de la Plata, buscando la libertad, se sumergió en la anarquía.
La demagogia militante estaba en los campos; la demagogia doctrinaria estaba en las ciudades, soñando con reyes imaginarios, debilitándose por las rencillas internas que descomponían los partidos, y renegando de su propio credo cuando aparecía escrito en las banderas de los gauchos.
“Tres cosas son difíciles -dice uno de nuestros libros sagrados-, seguir la huella de la serpiente entre las piedras, la de la nave sobre las aguas, y la del pájaro en los aires; hay una, empero, imposible: seguir la del hombre en la mocedad”. Otra hay imposible también: ¡seguir la huella de los pueblos en revolución!”
(Extraído del libro “Lecciones de Literatura” de Roberto F. Giusti; cap. Noveno: Prosistas argentinos de la época romántica y de la organización nacional; Ed. Estrada, Buenos Aires – 1970)
Etiquetas: Visiones de la Revolución de Mayo
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